Movimiento Latino Nacional de Carlos Lehder. 1981




ENERO DE 1981

Lehder impasible frente a sus potenciales riesgos jurídicos comenzó a ejercer como el jefe del llamado "Movimiento Latino Nacional" que era una extraña mezcla entre civismo a ultranza y el nazismo primitivo que había aprendido de ciertos alemanes, huéspedes de sus padres Joseph y Helena, en un hostal que tuvo en Armenia.  Era una evolución del que llamó inicialmente “Movimiento Latino Socialista” que usaba como símbolos a Simón Bolívar, a Jorge Eliécer Gaitán y un mapa del Quindío y tenía un manual de base llamado “Libro Verde” que exhibía en las manifestaciones.  En parte fue una respuesta a la actitud de la sociedad de Armenia que lo rechazó sistemáticamente en el Club Campestre, en el Club América y hasta en el poco sofisticado “Club de Bolos de Armenia”.  Sus dos frases de batalla eran “La marihuana es para la gente” y “La cocaína es para ordeñar a los ricos”.  En los discursos que duraban horas se fomentaba el uso de la marihuana, pero  sobre todo se criticaba con vehemencia que existiera una ley de extradición firmada con Estados Unidos;  en las manifestaciones aparecía con una guardia pretoriana de muchachos jóvenes que llamaba "Los Leñadores", todos en actitud militar, vistiendo uniforme caqui, cascos blancos y largos bastones para controlar a la multitud;  además se consiguió un grupo de profesionales jóvenes que catequizaban y un grupo de mujeres lindas que trabajaban de azafatas para el movimiento; sus seguidores aprendían una doctrina llamada el "Latinonacionalismo" en el que les inculcaban,  entre otras cosas,  un concepto neo-nazi sobre “que somos una raza superior que terminará por desplazar a los yanquis”;  su base eran los "Sábados patrióticos", donde sus lugartenientes entregaban mercados, billetes de quinientos pesos, y refrigerios (en especial cajas de arroz con pollo o arroz chino y una bolsa de leche), mientras escuchaban al singular político medio trabado por la hierba, que entonaba además de las confusas arengas contra los gringos, otras en favor de una moneda común para Latinoamérica, de la dosis personal de marihuana y siempre contra la extradición.  Sus concentraciones eran multitudinarias, casi humillantes para sus rivales políticos que no tenían tanto músculo económico; el equipo de sonido de sus movilizaciones era tecnología de punta para la época y todos los pueblos quindianos eran visitados bien en caravanas de doce o quince vehículos o los más lejanos en helicóptero, lo que ya de por sí se convertía en un polo de atracción que garantizaba la asistencia masiva del público.  Su epitome ocurrió cuando llenó por completo la Plaza de Bolívar de Armenia; ese día además del arroz con pollo, difundió la idea que rifaría una casa entre los asistentes, de tal manera que la concentración fue histórica; pero en un momento dado sus rivales le quitaron la luz y Lehder  fue capaz de hacerse a dos plantas eléctricas y gritar a todo pulmón, “Ahora sí que vengan y me corten la luz”; luego conseguiría una carpa gigante que parecía un hangar portátil del ejército gringo, para facilitar concentraciones en sitios difíciles
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