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Periódico Quindío Libre de Lehder. 1983




Para divulgar su filosofía publicó la primera edición de un nuevo periódico en el eje cafetero llamado "Quindío Libre" un semanario dedicado a exaltar su propio movimiento.  El periódico era de un antiguo militante del MRL de la primer época de  López Michelsen, que le había vendido todos los derechos a Lehder, incluyendo un eslogan que rezaba: “El primer periódico no alineado de Colombia” y debajo otro que decía “Por la unión paisa”;  en el extremo superior derecho una frase proclamaba que: "Este periódico no acepta publicidad de ninguna multinacional. Sólo promueve la empresa colombiana". Costaba 10 pesos y el único aviso publicitario era el de su “Posada Alemana”; en un boletín,  uno de sus redactores decía que “Carlos Lehder era un hombre que se parecía a Cristo”. Tenía varios blancos preferidos: el Grupo Gran Colombiano de Jaime Michelsen Uribe, al que consideraban “explotadores del pueblo colombiano”, Silvio Ceballos, político de Armenia del Nuevo Liberalismo, su enemigo local, Virgilio Barco Vargas, por haber firmado la extradición con Estados Unidos y ser un “vende patria”,  y el periódico  El Tiempo, por algún artículo que había escrito Enrique Santos Calderón, criticando al “Movimiento Latino Nacional”;  esto había causado que fueran quemados ejemplares de El Tiempo  en Armenia. A Quindío Libre le agradaban mucho personajes como Alberto Santofimio Botero que era para ellos “un joven líder y fogoso batallador parlamentario”, el general Gustavo Rojas Pinilla, Omar Torrijos de Panamá y el poeta nadaista Gonzalo Arango, a quién le dedicaron páginas enteras, analizando su obra y su trascendencia. 


Carlos Lehder aparece por primera vez. 1974


(Cárcel de Danbury- Connecticut)

Abril de 1974
En este año apareció Carlos Lehder Rivas, cuando ocurrió su primera detención real por tráfico de marihuana en Miami  por lo que fue enviado a la cárcel de reos convictos de Danbury, en Connecticut, una correccional benigna, para cumplir una condena de veinte meses; allí conoció a George Jung, un experimentado traficante de marihuana en California,  al que luego de muchas horas de animada conversación,  convenció que la cocaína era mejor negocio que la hierba, capaz de convertirlos en potentados y con el que hizo planes de negocios de gran envergadura cuando salieran de prisión; tanto que el hombre haciendo cuentas, no veía la hora de comenzar.  

Carlos Lehder y George Jung. 1977


Jung el verdadero, en la revista FEDS


Jung, el actor en la película

Junio de 1977
Por esta época Carlos Lehder estaba terminando su condena en la correccional de Danbury y se aprestaba a regresar a Colombia con toda la información adquirida del traficante Jung y otros compañeros de prisión muy pintorescos, como Gordon Liddy, un abogado del caso Watergate, que le dieron ideas  que él había ido guardando en hojas que archivaba prolijamente; pero nada como los conocimientos sobre tráfico de drogas que le dio el veterano George Jung. Lehder fue liberado después de muchas promesas al juez sobre "que había aprendido una valiosa lección" y que debía volver a su finca de Armenia para ayudarle a su anciano padre; literalmente caminó la frontera hasta Canadá y cuando volvió a Medellín,  con su dominio del idioma, sus conocimientos de aviación y navegación, sus contactos internacionales y el poder de negociación que le dio a la mafia colombiana,  se convirtió en una especie de “ministro de relaciones exteriores” del grupo, no obstante su alocado temperamento. El principal contacto, siguió siendo Jung (o Jorge, “el amigo gringo de Boston”, como lo llamaron siempre), que dominaba como nadie el mercado americano y que Lehder usaría mientras le fuera útil.  Como habían prometido, constituyeron una sociedad para distribuir narcóticos a gran escala, en cantidades crecientes,  que incluyó la ciudad de Boston, donde está la zona de Amherst Massachusetts, con las Universidades de Amherst, Hampshire, Smith, Mount Holyoke y la propia de Massachusetts y la cercanía relativa de las cinco universidades más importantes de los Estados Unidos o la “Ivy League” como Harvard y el IMT,  que podían ser un mercado voraz,  además de toda  la costa oeste con el potencial que significaba Los Ángeles, territorio propio de la época de Jung como traficante de marihuana. Cuando comenzaron a trabajar, en tiempos en que no existían celulares,  Jung, llevaba doscientos dólares en monedas para llamar a su contacto en Colombia desde teléfonos públicos, una de las formas como las autoridades detectaban a los narcos en esos días.  Sin embargo el anhelo de Lehder desde entonces era tener una estación de relevo en las Bahamas, “esas islas donde la policía anda todavía en bicicleta”, como solía decir.  Incluso en ese momento pensaba que sería muy valioso esconder allí a personajes del mundo criminal de alta peligrosidad, cobrándoles una tarifa de 2 millones de dólares; pero luego ante la importancia que tomaba la cocaína en la sociedad americana, decidió enfocarse completamente en ese negocio.

Jemel Nacel. La Cubana que le presentó a Lehder con Pablo Escobar. 1977


Jemel Nacel era una atractiva cubana cuya familia, no ella, tenía algunos vínculos con Pablo Escobar, lo que permitió presentarle a Carlos Lehder.  No es la única teoría sobre cómo se conocieron ambos puesto que también se ha mencionado que fue en "Autos Lehder" un negocio de carros de lujo de la familia que supuestamente Escobar frecuentaba.

Cayo Norman paraíso de la droga en Las Bahamas. 1977




Diciembre de 1977
Carlos Lehder que triunfaba en su visión del negocio de las drogas, deshizo abruptamente su sociedad original con George Jung,  haciéndolo su enemigo perpetuo, cuando comenzó a invertir  millones de dólares en el proyecto de Cayo Norman, la más occidental de las islas del archipiélago de las Exuma, a 80 km al sureste de Nassau, la capital de Bahamas y a solo 112 kilómetros de Miami, llamada en honor de un pirata de poca monta de la época de Morgan; quería aprovechar el relajamiento de las normas durante el gobierno del primer ministro Sir Lynden Oscar Pindling que permitía que cualquier cosa que se pudiera pagar, sucediera en su reino.   Compró la isla por 190.000 dólares a Charlie Beckwith, un socio del Sea Word de Fort Lauderdale,  que tuvo un proyecto fracasado de un hotel lujoso para buceadores y que tenía además una laguna natural infestada de tiburones martillo que nacían ahí y regresaban a copular por cientos, por lo que servían para disuadir a los visitantes inoportunos, pero también creaba un estuario ideal para atracar yates y descargarlos con toda comodidad; además tenía una pista de aterrizaje de unos 900 ms de longitud que la hacía un ideal fantástico para todo tipo de operaciones de tráfico de drogas o armas.  Como parte de un plan sistemático comenzó a hostigar a los escasos pobladores, haciéndoles pequeños atentados, puso guardias privados con perros, incluyendo un par de gorilas personales importados de Stuttgart y prohibió cualquier visita de turistas.  Como único dueño, quiso instalar una infraestructura que le sirviera de mampara, incluyendo un centro de investigación oceanográfico y un hotel tan lujoso como el de las islas vecinas que eran Highbourne y Eleuthera, con terrazas, un supermercado y la sucursal de alguno de los célebres bancos del paraíso fiscal de  Nassau.  Sin embargo estos proyectos no importaban tanto,  la isla personal se convirtió finalmente en un bastión incomparable para  el grupo de negociantes de drogas que posteriormente sería llamado “Cartel de Medellín” y que revolucionó el tráfico de narcóticos por vía aérea al hacer una escala técnica en las Bahamas antes de llegar a la Florida,  ampliando su capacidad y mejorando su seguridad. Mejoró la infraestructura, amplió la pista y puso poderosos equipos de comunicaciones.  Para principios del 78  estaba enviando directamente a Estados Unidos cargamentos grandes de cocaína de 300, 500 y hasta 1000 kilos que le proveían los mayoristas de Colombia, en especial Escobar.   En Cayo Norman la carga se re empacaba en aviones pequeños que hacían una auténtica “operación mosquito” sobre los aeropuertos de la Florida.  El antiguo grupo de padrinos había sido eficientemente remplazado por otro más audaz, creando la primera ruta efectiva para toneladas de droga, que partiendo de territorio antioqueño, con escala en Norman, terminaba en alguna parte de los Estados Unidos; la admiración por Lehder en ese momento, no tenía límites

Cayo Norman (Bahamas) hoy. 2014



Cayo Norman es hoy un sitio turístico que muestra las ruinas del imperio que no fue.  Esta muy cerca de Nassau y los turistas asisten a ver el hotel, los restos de aviones, la pista derruída.

Avioneta Piper Navajo regalada por Ledher. 1978




ABRIL DE 1978
Carlos Lehder había decidido tener alternativas a su paraíso personal y regresar a Colombia,  a su natal Armenia.  De acuerdo con su personalidad grandilocuente  antes de volver le ofreció al gobernador del Quindío, Mario Gómez Ramírez,  la donación de una avioneta Piper a nombre de la empresa “Air Montes Co”,  lo que  era un regalo algo desproporcionado para la época que despertó las justificadas sospechas sobre su nombre que no era más que un montaje para legalizar sutilmente o incluso tener un avión gemelo disponible para sus actividades ilícitas.  El mensaje del ofrecimiento decía: “Señor Gobernador: AIR MONTES, CO LTD, International Airplane Brokers (PO BOX  N 4802) de Nassau – Bahamas,  es una empresa  dedicada a la compra y venta de aviones internacionalmente. Entre nuestras cláusulas están donar  cierto valor en equipos cada año a comunidades surgientes (sic) que estén limitadas por falta de transporte aéreo propio.  Nos complace comunicarle señor gobernador que en nuestra última junta directiva la cual cubrió donaciones, la gobernación del Quindío  ganó como beneficiario en la adjudicación de una aeronave Piper modelo 1968 Navajo, color blanco. La compañía volará gustosamente al lugar de entrega”. Firmado: Carlos Lehder Rivas.  Representante legal de “Air Montes”

 

Hotel Posada Alemana de Carlos Lehder. 1978





(Personal de la Posada Alemana)


Mayo de 1978 

Lehder llegó a establecerse en la ciudad de Armenia y al poco tiempo  comenzó la construcción de su “Posada Alemana”, recordando el hotel de su padre.  Este era al estilo alpino de cinco estrellas que costó 3 millones de dólares y que sería, según sus planes,  el primer complejo turístico del Quindío y sus alrededores; tenía treinta cabañas con bar y chimenea, alquería, vinería, restaurante bávaro y zoológico; la discoteca era un homenaje a John Lennon,  adornada con un busto del desnudo artista con una guitarra al pecho y un agujero de bala en la espalda, esculpido por el maestro antioqueño Rodrigo Arenas Betancur;  el día de la inauguración Lehder se hizo llevar en helicóptero hasta una caravana de Chevrolet Capric Classic  oscuros, que llegaron en orden perfecto hasta donde se arremolinaban los curiosos que lo veían como una estrella de rock extranjera;  el mismísimo señor obispo Darío Castrillón Hoyos, (luego cardenal), impartió la bendición oficial. Esa imagen  adicionada a excentricidades en fiestas, lujos y desplazamientos en caravanas armadas, llevaron a la pacata ciudad de Armenia,  a estar patas arriba. Reorganizó también una empresa familiar que se llamaba “Cebú Quindío” donde organizó su cuartel general y que llegó a ser el mayor empleador de la ciudad con 256 personas a su cargo. La empresa le regaló un nuevo camión de bomberos a la ciudad y “comenzó el estudio de qué otras municipalidades lo necesitaban; también entregó una generosa donación a la asociación de periodistas de Armenia que rebautizaron el salón de reuniones como “Bahammas” [sic].  Entremezclado con lo más granado de la ciudad, en sus conversaciones siempre tenía ideas “geniales” y grandilocuentes: Quería tener una empresa de aviación que a la vez fuera escuela de pilotos que tanta falta hacían en el país y aero taxis,  que se llamaría “Aeroespacial Quindío”. Pensó en traer a los “Rolling Stones” a un fastuoso concierto gratuito en Armenia y durante meses planeó los detalles del escenario y la amplificación, esperaba que el grupo se presentara por un millón de dólares que hubiera gastado con gusto, con tal de tenerlos al lado de la “Posada”, pero nunca se concretó el negocio porque los manager del grupo no aceptaron tan exótica propuesta.  En cambio, cuando inauguró una pista de motocross en los terrenos de “La Posada”, luego de exhibiciones de motos y caballos hizo traer una tractomula que escondía un escenario para un conjunto de rock que tocó hasta la madrugada; ese día se repartieron libremente cigarrillos de marihuana entre los asistentes, fiel a sus principios de “hierba libre”.  Comenzó también otro gran proyecto turístico en la hacienda “Pisamal” a orillas del Río “La Vieja”, aprovechando los paisajes cafeteros; un adelanto de lo que sería luego esa zona para el turismo en Colombia con la llegada de los parques temáticos y finalmente planeó  un proyecto urbanístico llamado "La Colonia" que debía cambiarle por completo la cara a la ciudad; tendría viviendas multifamiliares de diferentes estratos pero con la más alta tecnología, con un sistema para despachar la comida a las casas por bandas sinfín que partirían de una cocina central, un teatro tipo Broadway, canchas múltiples, todo  rodeado  por una muralla perimetral protegida por circuito cerrado de televisión;  para entonces hubiera sido una auténtica ciudad del futuro que tampoco se llevó a cabo porque su declive empezó antes de lo esperado.

Vineria y cervecería Posada Alemana. 1978


La Posada Alemana tuvo múltiples servicios de lujo.  Uno de los más destacados fue su cervecería auténtica y vinería que complementaban el bar John Lennon

Bar "John Lennon" en la Posada Alemana. 1978



El Bar "John Lennon" de la Posada Alemana fue el orgullo de Carlos Lehder.  Estaba adornado con las fotos del ídolo durante varias épocas de su vida y se complementaba con la plazoleta exterior donde estaba la estatua de Lennon creada por Rodrigo Arenas Betancur.

Posada Alemana: Estatua de John Lennon. 1978







El emblema de la Posada Alemana en el exterior del bar, fue la estatua de John Lennon, tamaño natural y con un agujero de bala en la espalda

Movimiento Latino Nacional de Carlos Lehder. 1981




ENERO DE 1981

Lehder impasible frente a sus potenciales riesgos jurídicos comenzó a ejercer como el jefe del llamado "Movimiento Latino Nacional" que era una extraña mezcla entre civismo a ultranza y el nazismo primitivo que había aprendido de ciertos alemanes, huéspedes de sus padres Joseph y Helena, en un hostal que tuvo en Armenia.  Era una evolución del que llamó inicialmente “Movimiento Latino Socialista” que usaba como símbolos a Simón Bolívar, a Jorge Eliécer Gaitán y un mapa del Quindío y tenía un manual de base llamado “Libro Verde” que exhibía en las manifestaciones.  En parte fue una respuesta a la actitud de la sociedad de Armenia que lo rechazó sistemáticamente en el Club Campestre, en el Club América y hasta en el poco sofisticado “Club de Bolos de Armenia”.  Sus dos frases de batalla eran “La marihuana es para la gente” y “La cocaína es para ordeñar a los ricos”.  En los discursos que duraban horas se fomentaba el uso de la marihuana, pero  sobre todo se criticaba con vehemencia que existiera una ley de extradición firmada con Estados Unidos;  en las manifestaciones aparecía con una guardia pretoriana de muchachos jóvenes que llamaba "Los Leñadores", todos en actitud militar, vistiendo uniforme caqui, cascos blancos y largos bastones para controlar a la multitud;  además se consiguió un grupo de profesionales jóvenes que catequizaban y un grupo de mujeres lindas que trabajaban de azafatas para el movimiento; sus seguidores aprendían una doctrina llamada el "Latinonacionalismo" en el que les inculcaban,  entre otras cosas,  un concepto neo-nazi sobre “que somos una raza superior que terminará por desplazar a los yanquis”;  su base eran los "Sábados patrióticos", donde sus lugartenientes entregaban mercados, billetes de quinientos pesos, y refrigerios (en especial cajas de arroz con pollo o arroz chino y una bolsa de leche), mientras escuchaban al singular político medio trabado por la hierba, que entonaba además de las confusas arengas contra los gringos, otras en favor de una moneda común para Latinoamérica, de la dosis personal de marihuana y siempre contra la extradición.  Sus concentraciones eran multitudinarias, casi humillantes para sus rivales políticos que no tenían tanto músculo económico; el equipo de sonido de sus movilizaciones era tecnología de punta para la época y todos los pueblos quindianos eran visitados bien en caravanas de doce o quince vehículos o los más lejanos en helicóptero, lo que ya de por sí se convertía en un polo de atracción que garantizaba la asistencia masiva del público.  Su epitome ocurrió cuando llenó por completo la Plaza de Bolívar de Armenia; ese día además del arroz con pollo, difundió la idea que rifaría una casa entre los asistentes, de tal manera que la concentración fue histórica; pero en un momento dado sus rivales le quitaron la luz y Lehder  fue capaz de hacerse a dos plantas eléctricas y gritar a todo pulmón, “Ahora sí que vengan y me corten la luz”; luego conseguiría una carpa gigante que parecía un hangar portátil del ejército gringo, para facilitar concentraciones en sitios difíciles

Carpa del Movimiento Latino Nacional. 1981



La carpa que consiguió el Movimiento Latino Nacional para hacer sus exitosas concentraciones y evitar los desplantes que les hacía la sociedad del eje cafetero.


Secuestro de Carlos Lehder por el M-19. 1981


Carlos Lehder fue secuestrado durante algunos minutos por una célula del movimiento, pero  logró escapar de sus captores con una herida menor, convirtiéndose por el momento en un héroe local que renacía de las cenizas de su imperio en Las Bahamas y los olores mafiosos de sus negocios.  

Los secuestrables de Lehder. 1982


El primer aviso de "Los Secuestrables" de Carlos Lehder fue una costosa propaganda de lo que sería en el futuro el grupo de "Los Extraditables".  En principio fue una reacción medio visceral del Lehder acusando al M-19 de perseguir a los nacos para quitarles sus fortunas.  No salió en todos los periódicos: Que se sepa El Mundo, La Patria, El Siglo aceptaron el aviso.

Carlos Lehder en la Cámara de Representantes. 1983


Esta es una foto de Carlos Lehder con sus guardaespaldas, asistiendo como público al debate en la Cámara de Representantes contra Lara Bonilla.  Aplaudió cuando se atacaba al ministro y abucheo cuando era lo contrario.