El avión del asesinato de Carlos Pizarro. 1989



Carlos Pizarro llegó al aeropuerto Eldorado para tomar un avión de Avianca a Barranquilla, donde iniciaría una correría por toda la costa en desarrollo de su campaña presidencial.  Aunque para ese momento, el candidato del M-19 era uno de los hombres más custodiados del país y las medidas de seguridad se habían extremado luego de que en la sede de la campaña se recibió una llamada anónima que alertó sobre un atentado,  el esquema de seguridad cambió la hora de la reserva del vuelo y organizó los trámites para que Pizarro abordara el vuelo sin hacer filas.  El cuerpo de escoltas, conformado por 14 hombres, cuatro del M-19 y el resto del DAS, inspeccionaron el avión minutos antes de que fuera ocupado por los viajeros.  Cuando el capitán apagó la luz de cinturones de seguridad,  el sicario de nombre Gerardo Gutiérrez Uribe alias Jerry, quien viajaba  adelante,  se levantó de su silla y se dirigió al baño posterior, a escasos metros de la silla que ocupaba Pizarro, entró al baño del avión; salió y accionó el gatillo de una subametralladora mini Ingram por la espalda de Pizarro y vació el proveedor de calibre 9 milímetros: 13 tiros impactaron en la cabeza, cuello y manos del político. Los guardaespaldas reaccionaron y abatieron al agresor, lo que era fundamental; de milagro ningún disparo atravesó la estructura del avión. Era el mismo modus operandi de otros casos, aunque lo que existía en Colombia era una auténtica conspiración contra los candidatos presidenciales de la izquierda siempre atribuida a Escobar, pero que en este caso es poco creíble puesto que parece más un crimen del grupo de los hermanos Castaño.