Fusilamiento en cuba de implicados en la "Conexión Cubana", 1989


JULIO de 1989
Las agencias cubanas dieron a conocer al mundo con lujo de detalles,  en una actitud poco usual en ellos, la noticia de la detención del general Arnaldo Ochoa Sánchez, héroe de la revolución, hombre de confianza de Fidel  Castro y veterano de la Sierra Maestra y de Angola, con  su ayudante, el capitán Jorge Martínez Valdés acusados de tráfico de drogas; con ellos cayeron también los hermanos Patricio y Antonio, "Tony" de la Guardia Font, general y capitán de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, respectivamente y adicionalmente el ministro de Transporte, Diocles Torralba, el del interior José Abrahante y el mayor Amado Padrón, ex cónsul en Panamá y personaje importante en los negocios internacionales del régimen de Fidel.  En conjunto fueron acusados de enviar a través de la isla, seis toneladas de cocaína a Estados Unidos, percibiendo ganancias de 3.4 millones de dólares; se les acusó de contactarse con Escobar; de traficar ilícitamente con cocaína pero también con diamantes y marfil; de utilizar el espacio aéreo, el suelo y las aguas cubanas para actividades de narcotráfico y de avergonzar a la revolución con actos calificados como de alta traición. Un editorial del periódico Granma aceptó que el narcotráfico los estaba tocando por primera vez en su historia revolucionaria inmaculada. El juicio de Ochoa fue televisado durante un mes, donde el militar se auto inculpó de los delitos y pidió para si la pena de muerte, porque querían dejar en claro que esto no era permitido en la revolución.  En el mes siguiente fueron fusilados en Cuba todos, excepto  José Abrahantes, el ministro del interior, que fue condenado a 20 años de prisión por negligencia