Carlos Lehder y George Jung. 1977


Jung el verdadero, en la revista FEDS


Jung, el actor en la película

Junio de 1977
Por esta época Carlos Lehder estaba terminando su condena en la correccional de Danbury y se aprestaba a regresar a Colombia con toda la información adquirida del traficante Jung y otros compañeros de prisión muy pintorescos, como Gordon Liddy, un abogado del caso Watergate, que le dieron ideas  que él había ido guardando en hojas que archivaba prolijamente; pero nada como los conocimientos sobre tráfico de drogas que le dio el veterano George Jung. Lehder fue liberado después de muchas promesas al juez sobre "que había aprendido una valiosa lección" y que debía volver a su finca de Armenia para ayudarle a su anciano padre; literalmente caminó la frontera hasta Canadá y cuando volvió a Medellín,  con su dominio del idioma, sus conocimientos de aviación y navegación, sus contactos internacionales y el poder de negociación que le dio a la mafia colombiana,  se convirtió en una especie de “ministro de relaciones exteriores” del grupo, no obstante su alocado temperamento. El principal contacto, siguió siendo Jung (o Jorge, “el amigo gringo de Boston”, como lo llamaron siempre), que dominaba como nadie el mercado americano y que Lehder usaría mientras le fuera útil.  Como habían prometido, constituyeron una sociedad para distribuir narcóticos a gran escala, en cantidades crecientes,  que incluyó la ciudad de Boston, donde está la zona de Amherst Massachusetts, con las Universidades de Amherst, Hampshire, Smith, Mount Holyoke y la propia de Massachusetts y la cercanía relativa de las cinco universidades más importantes de los Estados Unidos o la “Ivy League” como Harvard y el IMT,  que podían ser un mercado voraz,  además de toda  la costa oeste con el potencial que significaba Los Ángeles, territorio propio de la época de Jung como traficante de marihuana. Cuando comenzaron a trabajar, en tiempos en que no existían celulares,  Jung, llevaba doscientos dólares en monedas para llamar a su contacto en Colombia desde teléfonos públicos, una de las formas como las autoridades detectaban a los narcos en esos días.  Sin embargo el anhelo de Lehder desde entonces era tener una estación de relevo en las Bahamas, “esas islas donde la policía anda todavía en bicicleta”, como solía decir.  Incluso en ese momento pensaba que sería muy valioso esconder allí a personajes del mundo criminal de alta peligrosidad, cobrándoles una tarifa de 2 millones de dólares; pero luego ante la importancia que tomaba la cocaína en la sociedad americana, decidió enfocarse completamente en ese negocio.