Animales de la hacienda Nápoles. 1978






DICIEMBRE 1978
Un Hércules de carga llegó al aeropuerto Olaya Herrera desde los Estados Unidos con el resto de la remesa, varios funcionarios estaban ya esperándolo, metódicos e intransigentes.  No había oportunidad de soborno y menos de esconder jirafas y cebras. Decomisaron los animales y los trasladaron de inmediato al zoológico de Santa Fe.  Escobar dio la orden entonces de dividir la carga en seis camiones, tres con los animales grandes y tres con los más pequeños; como pudieron despistaron al carro del Inderena que los seguía y este siguió a los últimos que se fueron para el zoológico, donde descargaron cisnes blancos, casuarios,  faisanes, el pato mandarín, las grullas reales, las gallinetas de Nueva Guinea, la pareja de quetzales de Guatemala,  los antílopes, el canguro y las  cacatúas negras de Indonesia que eran muy valiosas (50.000 dólares cada una);  allá se quedaron, pero no por mucho tiempo.  Entrada la noche llegó un camión de Escobar cargado de chivos, cabras, gallinas, gallitos cubanos,  patos y hasta unos burros pintados de cebras con pintura blanca y negra, comprados de afán en las plazas de mercado y con un soborno generoso a los empleados se hizo el cambio sin problemas;  muerto de la risa con sus animales a buen recaudo, Escobar diría ante el reclamo de las autoridades forestales que los funcionarios enviados al zoológico eran unos incompetentes que ni siquiera sabían distinguir canguros de chivos por lo que desde ese momento tuvo más de un enemigo jurado en el Inderena